Por el territorio de lo olvidado

En el borde de La Boca hay un fot√≥grafo que inmortaliza historias de los m√°rgenes. Mientras analiza el negocio inmobiliario y las violencias que atraviesan el barrio, planea hacer un espacio cultural para los vecinos dedicado a la fotograf√≠a. Por Leandro Vesco

Alfredo entr√≥ a un geri√°trico en Beverly Hills y pregunt√≥ si hab√≠a alg√ļn internado que se pareciera a Dios, la recepcionista le dijo que hab√≠a uno, se√Īal√≥ al fondo del sal√≥n y all√≠ lo vio. Dios ten√≠a una cicatriz en la nariz, pero se llamaba Paul. Finalmente us√≥ otro Dios para el corto que estaba filmando, pero se hizo amigo de este viejo que era una leyenda del cine de clase B. Sin saberlo, hab√≠a conocido al actor fetiche de Ed Wood, Paul Marco, a quien hab√≠a hallado abandonado y solo. Alfredo Srur camina por el territorio de lo olvidado, transita el campo del l√≠mite, el borde es su h√°bitat.

Vive en lo que era un antiguo almac√©n de ramos generales, es una zona perif√©rica del Barrio Chino llamada La Rinconada, el Finisterre boquense, cuando todo estaba por hacerse y esa esquina era la √ļltima posta antes de ingresar a los suburbios del Riachuelo, esa tierra inc√≥gnita urbana. Esta casa, donde se respira arte y cultura est√° al borde del mapa barrial, es el centro de operaciones de Alfredo, quien la est√° reciclando para crear all√≠ su estudio y un centro de investigaci√≥n fotogr√°fico. Cuanta con una c√°mara refrigerada donde preserva miles de placas de vidrio y material visual. ‚ÄúNo hay conciencia del patrimonio fotogr√°fico nacional. Yo pude salvar lo m√°ximo. Todo lo invert√≠ en esto que estoy haciendo‚ÄĚ. Con una atm√≥sfera controlada, el tesoro de los viejos fot√≥grafos argentinos descansan seguros.

La Boca entr√≥ a la vida de Srur por su abuelo, quien viv√≠a en el barrio. Ven√≠a desde Belgrano en el 64 y caminaba por el arrabal. ‚ÄúSiempre me atrajo caminar por estas calles solitarias y relegadas‚ÄĚ. A los 18 a√Īos se fue a Los Angeles para probar suerte como jugador de futbol para poder acceder a una beca para estudiar cine, una lesi√≥n en un ligamento le hizo abandonar el sue√Īo. Se qued√≥ m√°s tiempo de lo permitido y en el aeropuerto lo detuvieron. ‚ÄúConoc√≠ el Sistema en su m√°xima expresi√≥n, estuve dos d√≠as con narcos, ladrones de bancos y asesinos‚ÄĚ. De regreso a nuestro pa√≠s hall√≥ en la fotograf√≠a un sentido para su vida. Recorri√≥ los suburbios de la ciudad y el conurbano documentando los l√ļmpenes que intentaban sobrevivir a un sistema que entraba en colapso. Realiz√≥ un portfolio que present√≥ en todos los medios. Rafael Calvi√Īo vio en Srur talento y le abri√≥ las primeras puertas. Alfredo comenz√≥ a trabajar. Armaba notas con personajes borders, con linyeras, prostitutas, travestis y aquella embrionaria y latente poblaci√≥n de desocupados y desalmados que comenz√≥ a crecer antes de la explosi√≥n del 2001. Todo aquello lo document√≥ Srur. Cuando llegaba a la redacci√≥n Ernesto Tenenbaum, editor de la Revista 23 le dec√≠a que no pod√≠a publicar esas fotos porque ‚Äúeran un baj√≥n y la revista necesita cosas m√°s alegres‚ÄĚ. All√≠ tuvo su primera aproximaci√≥n a la realidad de los grandes medios. ‚ÄúEl periodismo es un servicio social, pero cundo las empresas contaminan los medios, deja de serlo‚ÄĚ.

Cansado de la banalidad, se fue al Impenetrable chaque√Īo. ‚ÄúQuer√≠a ir al lugar m√°s complicado del pa√≠s‚ÄĚ, y all√≠ pas√≥ una temporada con los tobas y los wichis; hall√≥ la miseria pero tambi√©n el horror. ‚ÄúNo hay nada m√°s violento que una madre que no puede dar de comer a su hijo‚ÄĚ. De regreso a Buenos Aires, sus giras lo llevaban a las villas, a La Matanza, a Constituci√≥n y las calles oscuras e inhumanas de la cancha de Hurac√°n, donde sombras de hombres y mujeres se pasean entre la cerraz√≥n marginal, Srur disparaba su c√°mara mientras tanto. Siempre en el margen, fue fot√≥grafo personal de la Hiena Barrios, Karateka Medina y Locomotora Castro, el mundo del box en donde las peleas se arreglan antes de comenzar por personajes dolosos e inescrupulosos lo tuvo a Srur como testigo inc√≥modo de situaciones cercanas al mundo de la mafia. ‚ÄúLlevaba una vida gitana, pero siempre me interesaron los olvidados, las personas que nadie ve, aquellos que nadie fotograf√≠a‚ÄĚ.

‚ÄúLa Boca tiene mucho que ver lo olvidado. Este barrio es terreno de la especulaci√≥n inmobiliaria de los poderosos, las casas de pinotea y chapa, los conventillos que se incendian deber√≠an ser declarados tesoros nacionales, fueron hechos hace m√°s de un siglo y todav√≠a perduran. La Boca es quiz√°s el barrio m√°s conocido de Am√©rica Latina y se limita a las tres cuadras de Caminito valladas por la polic√≠a. Eso genera violencia y es l√≥gico que el turista que traspasa ese vallado sea robado‚ÄĚ, reflexiona Alfredo. ‚ÄúEl circuito comercial del barrio est√° manejado por gente que no es del barrio. Para el poder, el boquense es un ciudadano de cuarta, ese maltrato, esa injusticia, genera violencia. Hay un gran sin sentido, nada vale lo que deber√≠a valer. Hay tensi√≥n entre los vecinos y el boquense se acostumbr√≥ a ver sus derechos vulnerados‚ÄĚ. Srur tiene en mente hacer un bloque vecinal con vecinos de la Rinconada para poder hacer reclamos en conjunto pero hay muchos problemas. ‚ÄúLos vecinos no nos comunicamos, estamos dispersos‚ÄĚ.

Su idea es hacer un espacio cultural dedicado a la fotograf√≠a donde convivan lo antiguo y lo moderno. Su espacio ser√° el √ļltimo basti√≥n de cultura del plus ultra boquense. ‚ÄúPara hacer algo m√°s justo, donar√© una parte de lo que me entre y lo devolver√© al barrio‚ÄĚ. La ideolog√≠a de Quinquela tiene un heredero. Como si fuera una isla, su esquina brilla con luz propia y anida all√≠ un sue√Īo que acaso convierta lo que hoy es maltrato e injusticia en bohemia y arte. Alfredo Srur est√° dispuesto a dejar todo lo que tiene para cumplir su sue√Īo. El barrio lo necesita.

https://www.surcapitalino.com.ar/seccion/archivo/ciudad/nota-3571